LA CONDUCTA DEL BULLY Y SU IMPACTO EMOCIONAL EN LA VICTIMA

LA CONDUCTA DEL BULLY Y SU IMPACTO EMOCIONAL EN LA VICTIMA

Cada día es más común ver en nuestras escuelas el comportamiento del niño/a “bully” (bravucón). Esta conducta se manifiesta como cualquier forma de maltrato, agresión o abuso, humillación y amenazas directa o indirectamente contra un compañero estudiante o integrante escolar; o de un integrante escolar a un compañero o estudiante en forma frecuente o intensiva que se observe por lo menos por seis meses. La literatura reciente revela que cuando un niño es agresivo y abusivo desde pequeño, esto puede repercutir en un desarrollo de tendencias violentas, delincuencia y otros comportamientos criminales, en la adolescencia y edad adulta. Estos niños/as se caracterizan por manifestar conductas muy impulsivas, utilizan la agresión y la intimidación para conseguir lo que quieren, molestan a los otros niños/as tocándolos, insultándolos y amenazándolos con la intención de llamar la atención. Suelen tener conflictos con los iguales, porque discuten y pelean con mucha facilidad e incluso se meten en problemas ajenos, haciendo de justicieros. Se distinguen por amenazar e insultar con voces y gestos a sus otros compañeros. La mayoría de las veces son niños/ as a los que otros temen y son rechazados por sus compañeros. No respetan y tratan de mandar en los juegos y trabajos, para ello se rodean de niños que pueden dominar. Pueden ser insensible al castigo y provocar al adulto con su mirada y actitud desafiante cuando son reprendidos.

La conducta de un “bully” se puede manifestar en diferentes tipos de acciones; a través de la agresión física, cuando golpean, patean, empujan y estropean objetos de otros. También puede burlarse e insultar a los demás. Este tipo de acoso escolar es el más fácil de identificar por su tipo de agresión. Por otro lado, en el acoso verbal vemos a niño/as que ponen apodos, insultan e intimidan, ya sea con una mirada o con gestos grotescos. Hay otros niños que se niegan hablar con otros niños y tienen la tendencia de difundir mentiras o rumores para dañar o denigrar la imagen de los demás. Intentan obligar a otros a hacer algo que no quieren hacer, este tipo de acoso seria el llamado agresión social. Existen otros tipos de acoso escolar como el cibernético y el acoso sexual.

El acoso escolar no solamente mutila la autoestima de los niños, sino que la exclusión de la víctima de actividades y juegos puede desencadenar en estrés postraumático. Además, trastoca su estado emocional y disminuye su rendimiento escolar. Los otros compañeros empiezan a percibir este niño como alguien que no está bien, que es tímido, agresivo o raro. Es bien común ver que las víctimas del “bully” puedan estar presentando problemas de concentración y de aislamiento social. Pueden experimentar ataques de pánico, de rabia y mucho miedo. Una de las emociones que la víctima pueda experimentar más seguido es el miedo que tiende a paralizarlo y crearle un estado de indefensión. La conducta del agresor puede generar sentimientos de inseguridad, ansiedad, frustración, decepción, indignación, impotencia y derrota. Otros de los sentimientos de la víctima del “bully” son: pánico, tristeza, culpa, odio y coraje. Debido al proceso de acusación hacia la víctima, surgen sentimientos de culpa y los hace creer que son malos, estúpidos, torpes, que han obrado mal, que se han equivocado o que no valen nada. La víctima tiende a reprocharse lo que hace.

Es urgente atender a tiempo e intervenir con el bravucón para que no se perpetúe la conducta. De no hacerlo éste puede interpretar que su comportamiento no tiene consecuencias hacia los demás niños/as. El bullyng le hace daño tanto a toda la comunidad escolar como a las víctimas y a su familia porque afecta su tranquilidad y su armonía.

Cuando se interviene tanto con la víctima como con el bravucón debe ser hablando por separado. Aísle al bravucón. Busque opinión y consulte la situación con otros maestros y administradores escolares.

Informe al bravucón que se va a proceder sobre las medidas adoptadas. Promueva métodos educativos en su escuela para alentar a los estudiantes a monitorear el comportamiento de los bravucones y a reportar los incidentes de acoso. Es urgente que se comunique con los padres de los estudiantes. Asegúrele y trasmítale seguridad a la víctima ya que se tomará acción para prevenir el que vuelva a ser acosado/a. La escuela debe proveer ayuda psicológica y ofrecerle seguimiento.

Para trabajar con este fenómeno debemos intervenir inmediatamente, no podemos permitir que nuestras escuelas se contaminen y resignarnos a que se propague este mal que debilita nuestros procesos de aprendizaje y destruye tanto moral como emocionalmente nuestros centros educativos.

Por: Dra. Carmen María Márquez Pérez La autora es doctora en psicología y autora con Hilda Magaly Rivera de la Guía Activa para la Prevención del Acoso escolar (por publicar). Ofrece talleres de Prevención de violencia y acoso escolar desde edades tempranas. Tel. 787-922-0858

Share